Lema Escolar 16-17

No te conformes. Abre las ventanas.

Desde muy pequeños aprendemos a conformarnos con lo que tenemos. Seguro que muchas veces nos han dicho que es lo mejor, porque querer conseguir cosas lejanas y complicadas puede acabar con nuestras fuerzas, y casi siempre acaba con la paciencia de los demás. Ese conformismo, después, cuando vamos creciendo, nos convierte en personas tristes y sin ambiciones. Nos hemos acostumbrado tanto a construir con lo que tenemos, que se nos olvida que hay un mundo lleno de posibilidades más allá de nuestras ventanas cerradas.
Un colegio trinitario es, por definición una escuela luchadora y una escuela de luchadores. Luchar no tiene que ser algo negativo, es la característica de los que ven siempre más allá de su conformismo. Luchan, no los valientes, sino los inteligentes, los que se niegan a escuchar palabras que les animan a no hacer demasiado ruido, demasiado lío.
Luchan los que aprenden a preparar cada día un futuro de ilusión, de cambio, mejor para todos y no solo para ellos. Luchan los que no se conforman con ver siempre lo mismo, escuchar siempre lo mismo, hacer siempre lo mismo, sentir siempre lo mismo. No te conformes…, podía haber salido directamente de la boca de Jesucristo.
El Evangelio está lleno de gestos y símbolos que llaman a sus discípulos a no conformarse con las explicaciones de siempre; a buscar tesoros escondidos que den sentido a la vida, y a la fe; a perder el miedo a que las cosas sean diferentes y nos sintamos perdidos. Seremos inconformistas evangélicos y trinitarios cuando empecemos a preguntarnos por qué hacemos así las cosas; lo seremos cuando nos atrevamos a decir con nuestras propias palabras y desde nuestro propio corazón las reglas, las oraciones, los valores…, que otros quieren que aprendamos; lo seremos cuando aprendamos a conjugar el verbo de la libertad, sin equivocarnos y sin engaños.
…abre las ventanas, y deja que entre aire fresco, y nuevas ideas, incluso cosas que no te
gustan ahora, porque todo eso junto puede que cambie tu vida, o por lo menos que cambien tu forma de ver el mundo y de respetar a los demás. Vivir con las ventanas cerradas es muy triste. También para nuestro colegio. Por eso queremos un colegio en el que empecemos a compartir. No, no, no significa que dejemos las cosas a los demás cuando las necesiten, sino que nos convenzamos de que nada es realmente nuestro, ni las cosas ni las ideas, y que solo creceremos cuando aprendamos a escuchar y dejemos que por nuestras ventanas abiertas se cuele algo de lo que otros piensan, de lo que otros dicen, de lo que otros creen. Pero también abrimos las ventanas para conocer ese mundo que queremos hacer mejor, porque con las ventanas cerradas nos acabamos conformando con el mundo bonito que montamos dentro de nosotros, pero ese no es el mundo real. Por eso “abrir ventanas” es algo tan trinitario.

¿Y contra qué luchamos? Contra el egoísmo y la pereza que nos convencen de que es mucho más tranquilo vivir como siempre. Contra esa gente que dice que el futuro no está escrito y que es siempre negro. Contra el deseo que nos engaña y nos hace creer que lo que realmente queremos es seguir seguros, con las ventanas cerradas y los pestillos echados.
Contra los aguafiestas que prefieren aulas y pasillos tranquilos y ordenados y sin colores; y oraciones sabidas de memoria y nos ponen el dedo en la boca cuando pasamos a la capilla o a la iglesia. Contra el miedo. Contra todo lo que, en definitiva, nos hace esclavos. ¿O es que acaso no somos trinitarios liberadores?


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